El Tiempo | 18 de mayo de 2013
Marcilla fue fundada oficialmente por el rey visigodo Gundemaro hacia el año 610, el cual erigió un monasterio. No obstante, sobre el territorio existieron asentamientos anteriores, que datan de época romana, como certifican los numerosos restos rescatados recientemente.
Años más tarde, en 1160, la esposa de Sancho el Sabio, doña Sancha, volvió a reconstruirlo, colocando una comunidad de monjas cistercienses. Aparece escrito por primera vez en el siglo XIII.
En 1408 el señorío de Marcilla pertenecía al monasterio de La Oliva, pero veintiún años después, Mosén Pierres de Peralta consiguió que Carlos III desterrase a las monjas cistercienses a Cambrón, acaparando en su provecho el completo señorío del pueblo y de todas las tierras que le correspondían. Estas pasaron ulteriormente a sus descendientes los marqueses de Falces.
Estos hicieron construir un palacio fortaleza de estilo gótico-civil, defendido valientemente en 1516 por Ana de Velasco ante las fuerzas del coronel Villalba, mandado por el Cardenal Cisneros.
Marcilla participó activamente y de manera brillante en la gloriosa gesta de las Navas de Tolosa, con Don Fermín de Marcilla al frente de las tropas locales. Por su destacado comportamiento en esta acción guerrera, el Rey otorgó a Marcilla, así como a otras localidades de su Reino, las cadenas ganadas en tan memorable ocasión, para que constituyesen el blasón de la villa.
Desde 1429 y por delegación del rey don Juan II gobernaba el castillo de Marcilla Mosén Pierres de Peralta, personaje que tuvo una participación muy activa en la política del Reyno de Navarra, reinos peninsulares, y europeos, con presencia en Roma, o en las negociaciiones para el casamiento de los Reyes Católicos, por cuyos servicios recibió de Fernando de Aragón la custodia de la espada "Tizona", del Cid Campeador, así como una de sus armaduras. Ambos tesoros permanecieron en el Castillo de Marcilla hasta mediados del siglo XIX, en que se trasladaron a las posesiones de los Marqueses de Falces en Madrid.
Marcilla tiene privilegio de feria desde, al menos, 500 años, y en 1847 contaba con escuela de niños, frecuentada por 40 y dotada con 2.000 reales, y escuela de niñas, con 30 y 1.000 reales respectivamente. Para ir a Caparroso había puente, y barca para cruzar hacia Villafranca, Peralta y Tafalla.
Contaba con una fábrica de jabón, un molino de harina y cuatro de aceite, la feria era del 29 de septiembre al 8 de octubre.
Como pocos pueblos de Navarra, Marcilla registró un espectacular desarrollo demográfico y económico durante el siglo XIX y XX. Además de la vía férrea de Pamplona, con estación a dos kilómetros del pueblo, ha contado con una gran fábrica azucarera desde finales del XIX y hasta 1979, expresión del auge remolachero de comienzos de siglo; sendas fábricas de alcohol y de harinas, dos de gaseosas y hielo, una de conservas vegetales y dos centrales eléctricas. Subsistía una fundación para el mantenimiento del hospital, presente desde antiguo en la vida de la villa. En 1912 se había formado la comisión local de la Cruz Roja, que contaba con numerosos socios y moderno material sanitario. A finales del siglo XX, en Marcilla se concentran empresas de logística, conservas vegetales, quinta gama, refrescos, lavandería industrial, distribución comercial, construcción, diseño y edición, publicidad e imagen, tratamiento de agua, etc. Y la población supera los 2.500 habitantes.