Flora y Fauna

FLORA Y FAUNA: ECOSISTEMAS DE MARCILLA

Vista aérea de Marcilla. En primer plano, el río AragónMarcilla es un pueblo situado en la Ribera de Navarra, concretamente en el valle del Aragón. Como sabes, este río y las tierras que atraviesa forman parte una vasta región natural, que llega hasta el Mediterráneo: el valle del Ebro.

El término municipal de Marcilla tiene en total una extensión de 21,7Km². El clima es seco y caluroso. Ello se traduce en que llueve poco y hace bastante calor en verano. Estas condiciones, unidas a la morfología de nuestro entorno (estamos en un valle en forma de artesa), determinan la existencia de dos ecosistemas diferenciados, que forman parte habitualmente del paisaje típico de la Ribera: el terreno seco del monte (en Marcilla está representado principalmente por los términos de las Planillas y el Montico) y las tierras húmedas y llanas del valle.

Así pues, desde el punto de vista ambiental, en el término municipal de Marcilla podemos distinguir tres ecosistemas diferenciados.

1. EL RÍO ARAGÓN

El río Aragón es el elemento que articula y dinamiza nuestro entorno. Esta mítica “serpiente de plata” constituye la fuente principal de riqueza de nuestro entorno. Ella explica la existencia de las diferentes comunidades que lo habitan, incluida la humana.

El tramo del Aragón correspondiente a Marcilla forma parte del “complejo fluvial de cauce divagante mejor conservado de Navarra” A diferencia del Arga, convertido casi en un canal en una parte de sus tramos finales, el Aragón conserva una parte importante de su vegetación natural.

Curvas del Aragón en el límite entre Marcilla y CaparrosoEl tramo del río que corresponde a nuestro término municipal entra en Marcilla por el Noreste, procedente de Caparroso, y abandona nuestra demarcación cerca de Peñalén, poco antes del abrazo del Arga y el Aragón en término de Funes.

La diversidad de especies que se dan en el ecosistema fluvial es uno de los grandes valores del río Aragón y de su zona de influencia. A diferencia de otros ecosistemas basados en el clima (por ejemplo, los del Monte y la Planilla), el río Aragón y sus riberas constituyen un ecosistema edafohidrófilo. Ello quiere decir, que no es el clima, sino la humedad del suelo, la que determina el desarrollo de las diferentes comunidades.

Así pues, el río no es un mero canal que transporta el agua sino un complejo entramado de relaciones entre multitud de especies vegetales y animales.

En el interior del río destacan sobre todo los ciprínidos de aguas frías. El barbo y la madrilla, casi desaparecida, son los reyes en este tramo medio-bajo del río Aragón.Grupo de madrillas

El cauce amplio y profundo del río en ciertos sitios favorece la abundancia de sustancias y materiales en suspensión. Todo ello contribuye a la diversidad de especies. Además de los abundantes barbos y madrillas, entre la fauna ictiológica del Aragón encontramos también carpas, chipas, gobios y percas americanas.

Los Sotos, paisaje de verde y oro:

Los sotos envuelven el cauce del río. En el término municipal de Marcilla, los principales retazos de soto (los mejor conservados) son precisamente aquellos espacios próximos a los cortados de yeso, donde las condiciones dificultan el avance de los cultivos. El soto de la Cueva (o soto grande) y el soto de la Sauquera (o soto pequeño) son hoy lugares de gran valor ecológico, que debemos valorar y proteger.El verde y el oro se combinan habitualmente en nuestros sotos

Antiguamente, los sotos de Marcilla eran más extensos y configuraban una especie de “selva” donde era posible encontrar jabalís, ciervos, y otras especies poco habituales actualmente.

Las roturaciones de siglos pasados y el encauzamiento del río asociado en parte al desarrollo de la agricultura intensiva (a mediados del siglo XX), fueron mermando estos espacios vírgenes, extendiendo las áreas de cultivo casi hasta las orillas de los ríos.

Luego, se ha comprobado que dentro de estos sotos hay extensas áreas de “point-bac” (bancos de gravas y arenas) donde no se puede dar la producción de chopos por la pobreza de estas tierras, no siendo rentables las choperas plantadas o incluso generando durante años pérdidas económicas al ayuntamiento.

La “fiebre” del chopo, cultivo introducido masivamente por los ayuntamientos con criterios productivistas, trajo también consigo la retracción de estos espacios de gran valor ecológico.

Cabe destacar la belleza paisajística de estos espacios. Adentrarse en los sotos, en primavera o en otoño, es una experiencia singular. La eclosión de la primavera convierte estos espacios naturales en un espectáculo emocionante. En otoño, nuestros sotos se llenan de matices. Destacan sobre todo los paisajes de verde y oro, que invitan a la contemplación nostálgica de estos lugares.

Una de las características de los sotos es su biodiversidad. Este sistema ecológico asociado al río, es además enormemente productivo. Los fértiles suelos permiten el desarrollo de grandes árboles de crecimiento muy rápido. Este es el caso del chopo, el álamo blanco, el sauce blanco y el olmo.

También encontramos aquí una gran variedad de especies arbustivas, que crecen al amparo de los árboles o en las orillas del río. Entre el sotobosque, como se denomina a todos estos estratos arbustivos, hay una vegetación muy diversa. Además de fijar el terreno, los arbustos sirven de refugio, y de alimento a numerosas especies animales. Este es el caso del tamariz, el fresno, el aliso, el espino albar, los carrizos, la anea, etc.

Álamos blanco y negro en Contiendas    Oropéndola

En la exuberante vegetación de los sotos encuentra también refugio una amplia variedad de aves. Entre ellas se encuentran algunos pájaros que llenan de música y colorido estos espacios, como el ruiseñor, la oropéndola, el jilguero, el pinzón, o el mirlo común. También pueden escucharse aquí la urraca, el gorrión molinero, el cuco y el pito real, aunque ninguna de estas especies son exclusivas de los sotos, pueden óirse o verse también en otros espacios.

En los sotos nos encontramos también mamíferos como la gineta, el tejón, el zorro, la topo ibérico, la comadreja y la musaraña.

vison  zorro  

Cabe destacar también la existencia en nuestros sotos del visón europeo. Los ejemplares de Marcilla forman parte de la que se considera colonia madre en el norte de España y una de las más importantes de Europa.

El conjunto formado por el río Aragón, el soto y los acantilados terrosos constituye una de las imágenes más bellas, originales y representativas de nuestro entorno natural. A esto hay que añadir la importancia ecológica de estos espacios naturales caracterizados por su enorme diversidad. No por casualidad, estos tramos bajos del Aragón han sido propuestos recientemente, como Lugares de Interés Comunitario (LIC), con el fin de facilitar su gestión y conservación.

Acantilado cerca del soto de la Cueva

En realidad, aquí se encuentra el límite entre dos mundos diferentes: los sotos con su exuberante biomasa y el ecosistema mediterráneo (Montico).

El conjunto soto-cortado resulta especialmente atractivo para muchas especies, pues a la frondosidad del soto se suman otras características favorables para la cría y reproducción de diferentes especies. Los acantilados terrosos sirven de refugio, para la cría de algunas especies, y son también una magnífica atalaya, para la caza en el río y los sotos.

Son especies típicas del cortado el avión zapador, el martín pescador, la chova piquirroja, la grajilla, el cuervo, el vencejo común, etc.

El carácter de atalaya y refugio que tienen los acantilados terrosos sobre el río y los sotos del Aragón, favorece también la presencia de algunas rapaces, entre las que destaca el halcón peregrino. También anidan aquí, el alimoche, el cernícalo, el búho real, etc. Todo ellos encuentran en el roquedo un lugar ideal para la cría, y en los sotos una fuente inagotable de alimento.

2. EL MONTICO

La colina conocida como Matapiojos es una de las señas de identidad del Montico de Marcilla

El Montico es el único enclave marcillés de vegetación propiamente mediterránea. Situado en la parte sureste de nuestro término municipal, este espacio natural tiene una extensión de 69 hectáreas. Hoy está limitado por la autopista y las mugas con Caparroso y Villafranca.

Antiguamente, esta zona estaba cubierta por un mar. Así es que buena parte de los materiales que lo integran son viejos sedimentos marinos. Los pliegues y corrimientos de tierras dejan al descubierto su composición: yesos, sales, y gravas.

En el Montico se distinguen tradicionalmente dos zonas: De un lado, el comunal, constituido por las tierras más abruptas y menos adecuadas para el cultivo. De otro lado, las tierras particulares que coinciden principalmente con la parte más llana.

Recientemente, la autopista ha fraccionado esta zona, creando un tercer espacio, caracterizado por su degradación.

A diferencia de la Planilla, que es hoy una estepa cerealista, el Montico presenta, una gran diversidad de especies de flora y fauna. Los pinares y el resto de plantas aromáticas que crecen en este espacio natural convierten esta zona de Marcilla en una gran “perfumería natural”.

La vegetación natural más extendida es el romero. Junto a él, encontramos otras muchas plantas aromáticas, como tomillo, espliego o lavanda, retama, etc. Muchas de estas plantas crean un ambiente especial con sus fragantes efluvios evitando así la rápida evaporación del agua. Algunas además tienen pinchos, para protegerse del ganado o de otros animales, como la aulaga, la encina, la coscoja, o el escambrón, el lino azul, el lino blanco, el esparto, el gamoncillo, etc.

        

También son habituales algunas especies comunes en otros espacios de ribera como el espino blanco, el tapaculos o rosa canina y el agracejo, etc. Este manto vegetal del Montico lleva aparejada a su vez una variedad de especies animales. En primavera y verano, pueden verse gran variedad de mariposas, arañas y otros insectos propios de las zonas mediterráneas. Entre las aves, además de las citadas al hablar de los acantilados, destaca el buitre leonado, que planea a menudo por encima de estos espacios terrosos.

La aparición de las orquideas en El Montico es un indicativo de la buena calidad medio ambiental que está adquiriendo este entorno.
Hoy, la situación de semiaridez propia del Montico está acentuada por la falta de una cubierta vegetal bien desarrollada. A pesar de ello, esta zona tiene gran valor desde el punto de vista ambiental, ya que, como decíamos atrás, es el único enclave marcillés que conserva vegetación propiamente mediterránea.

Esta zona de Marcilla nos ofrece toda una gama de paisajes singulares, como el Barranco de los Alamos, el Matapiojos, o las terrazas sobre el Aragón.

Además, el abandono progresivo de las tierras por parte de los agricultores, ha propiciado las repoblaciones de pinos, y el uso y disfrute del Montico como zona de paseo para los marcilleses. También es hoy una apreciada zona de caza (sobre todo de liebre, conejo y perdiz).

3. LA PLANILLA

Los campos de cereal son habituales en la Planilla

La Planilla (o las Planillas, en plural, que de las dos formas se ha llamado a esta zona de Marcilla) ocupa la parte septentrional de nuestro término municipal. En realidad se trata de una pequeña meseta situada en una de las partes más altas del municipio.

Esta zona de secano limita por el Este con la cañada real de Tauste-Andía, que es a la vez muga entre Marcilla y Caparroso, y por otro con la corraliza del Cascajo (término de Peralta).

En realidad, hay dos Planillas: la alta, que limita con los términos de Marcilla, Caparroso y Olite, y la planilla baja (también llamada “planilla abajo”), que se encuentra entre Caparroso y Peralta.

Debido a su configuración llana, la Planilla ha sido un espacio favorable para la agricultura tradicional de secano (cereales, viña, etc). Hoy, sin embargo, aunque hay algunas grandes fincas de explotación agrícola moderna, asistimos al abandono creciente de las tierras por parte de los pequeños agricultores.

Avutardas a punto de levantar el vueloComo decíamos, la Planilla es una estepa cerealista. Zonas amplias, semidesérticas, con horizontes despejados. Ello la convierte en una zona favorable para las aves esteparias. Algunas de ellas se encuentran en retroceso o en proceso de extinción, como las avutardas, la alondra de dupont, gangas, sisones, alcaravanes.

La proliferación de estas aves tiene que ver por un lado con la lejanía de las poblaciones, y con el estado de semiabandono en que se han mantenido últimamente las tierras de cultivo. Ello hizo que se hablara hace no mucho tiempo de incluir la Planilla de Marcilla en un proyecto de “corredor de aves esteparias”. Según aquel proyecto, el corredor iría desde el desolado de Baigorri en tierra Estella hasta Tauste, por las Bardenas.

No obstante, la puesta en riego de la Planilla, con las aguas del canal de Navarra, contradice aquella iniciativa, y puede acabar con esta situación que convierte hoy este lugar en un auténtica reserva de aves esteparias.

Balsa en el Barranco de ValtraviesaOtro de los lugares interesantes de la Planilla es el barranco de Valtraviesa. En realidad, este camino forma parte de la cañada real de Tauste-Andía. Las aguas salitrosas de este lugar, donde confluye el agua de lluvia de las colinas adyacentes, son un lugar propicio para el crecimiento de plantas como el tamariz, la juncilla, etc.

Hoy, el barranco sigue siendo utilizado por el ganado, por lo que resulta habitual encontrarse allí con rebaños de ovejas bebiendo en las balsas que se forman en él. Últimamente, la proliferación de garcillas bueyeras -derivada en parte de los campos de arroz existentes en el entorno comarcal- permite ver a decenas de estos animales siguiendo a los rebaños de ovejas. Estas aves originarias de la sabana africana, empezaron a extenderse por España hace varias décadas, llegando hasta el valle del Ebro. Las garcillas bueyeras suelen posarse sobre el lomo de las ovejas para desparasitarlas, y alimentarse también de los insectos que el ganado mueve a su paso.

Además del barranco citado, La Planilla ofrece también otros lugares interesantes. Merece la pena llegarse hasta el Cabezo del Rey donde se juntan las mugas de Falces, Olite y Marcilla, pues allí se encuentran las únicas encinas naturales de nuestro término municipal.